miércoles, 24 de mayo de 2017

Emoción: La tristeza.

Seguimos con nuestros "jueves emocionales" y ya estuvimos trabajando, durante varias semanas, la tristeza.

Es una emoción que los niños y niñas (y los adultos) conocemos perfectamente, pero que no siempre se sabe gestionar correctamente, ya que muchas veces queremos evitar que los niños/as estén tristes, diciendo que si lloran o están tristes están feos/as. Lo que deben aprender es que no pasa nada por estar triste, que hay que ahondar en el por qué de esa tristeza y no simplemente decir "no llores". En clase estamos aprendiendo que no pasa nada por llorar, que llorar no es malo, es más, a veces es muy necesario para que aquello que nos hace llorar, no nos haga más daño por dentro. Los propios niños/as decían en clase que a veces, cuando están tristes y no lloran, notan algo en la garganta que les duele mucho. 
La tristeza es una emoción como otra cualquiera, ni buena ni mala, es una más y, por tanto, debemos conocerla para saber gestionarla correctamente y que no sea ella la que nos domine a nosotros.

Como siempre, re-leímos la definición de tristeza del cuento "El monstruo de colores" y qué es lo que siente cuando está triste.

Leímos la definición de tristeza en el "Emocionario", un cuento dentro de  "El gran libro de las emociones" (Parramón) que trata sobre Notxa, un pintor chino que separan de su familia para que viva en el palacio del emperador y pinte sólo para él.


En estos cuentos siempre trato de fomentar la empatía de los niños/as, que sean capaces de ponerse en la piel del otro, de cómo se sentirían ellos si les pasara lo mismo. La verdad es que llegan a unas reflexiones muy interesantes. 

Otro cuento que leímos es "Lágrimas bajo la cama" del que ya os hablamos en esta entrada

También leímos "El elefante encadenado", un cuento precioso de Jorge Bucay, en el que nos cuenta cómo los elefantes del circo no intentan romper la cadena que los ata a la estaca para que no se escapan ya que de pequeños aprendieron que no eran capaces de hacerlo y de mayores seguían creyendo lo mismo.

Hablamos y reflexionamos mucho sobre el tema y todos/as estaban de acuerdo en que la historia era muy triste. 

También hablamos sobre qué podemos hacer cuando alguien está triste y llegamos a la conclusión de que no siempre podemos ayudar a una persona a resolver su problema, pero a veces podemos conseguir que se sienta un poquito mejor y... ¿cómo?: con un gran abrazo, y cuando en esta clase hay alguien triste, siempre hay un montón de voluntarios/as dispuestos a darle un abrazo de oso. 

Por último, plasmamos nuestras tristezas en el bote de la tristeza:


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